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Blog MOM

En las huellas de nuestros peludos.



En el Reino Unido una señora de 108 años asegura que el secreto para su gran longevidad es haber tenido perros en lugar de hijos. Muchas historias como esa, testimonios de personas y familias que han llevado más allá el vínculo afectivo con su mascota, dándole al animal doméstico un rol preponderante dentro de su núcleo familiar. Es una relación que teóricamente se basa en el amor incondicional del animal hacia su dueño, y de este por su mascota, generando dependencia emocional y física. En la actualidad, este lazo es influenciado por el contexto social y cultural de las nuevas generaciones que en la última década han aumentado lo que se considera “confort humano” en la interacción con sus animales. Los alzan, les ponen zapatos, gorras, gafas para el sol, o impermeable para lluvia; en el Centro Comercial los pasean en carrito; celebran sus cumpleaños con fiesta temática, torta y decoración; ahora somos nosotros quienes los esperamos a que vuelvan del colegio. Esto es la “humanización de las mascotas” y ocurre en la medida que se le otorgan emociones y se asocian actitudes del animal con las típicas de un ser humano, esperando incluso respuestas similares a las de una persona. Lo vemos en el parque, y lo confirmamos en las redes sociales.

Muchos consideran a sus perros, gatos e incluso a otros animales domésticos como parte integral de su vida. Les brindan cuidados, los alimentan con comidas gourmet y los llevan a lugares especiales diseñados exclusivamente para ellos. Pero ¿por qué hacemos esto?


Míralos a los ojos... Confirma el amor y la conexión emocional que desarrollamos hacia ellos. Los animales nos brindan compañía incondicional, nos escuchan sin juzgarnos y nos hacen sentir amados, por eso es natural que queramos brindarles una vida cómoda y placentera, similar a la que deseamos para nosotros mismos. La forma de ver a nuestras mascotas ha cambiado. Antes, los perros y los gatos eran principalmente considerados como animales de trabajo o de protección. Sin embargo, en la actualidad, los vemos como seres con emociones y necesidades, capaces de experimentar alegría, tristeza y afecto. Esta nueva perspectiva nos lleva a tratar a nuestros animales con mayor respeto y consideración, como si fueran realmente parte de nuestra familia. Aunque humanizar a las mascotas puede parecer adorable y divertido, también hay algunos problemas asociados con esta tendencia. Mimarlos en exceso puede llevar a una falta de límites y disciplina, lo que resulta en comportamientos indeseables. Además, el uso de accesorios y ropa puede ser incómodo para ellos y limitando su libertad de movimiento. Es importante tener en cuenta que siguen siendo animales con necesidades específicas y que el amor que sentimos debe motivarnos a fomentar su cuidado y la empatía hacia ellos. Logrando una convivencia más armoniosa, estamos asegurando su salud y felicidad, y por supuesto nuestra tranquilidad.



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